Lo que está en juego
Un operador de telecomunicaciones mantiene sistemas que no pueden caerse: la red, la facturación, el aprovisionamiento y la atención a clientes. Detrás hay equipos de software grandes, mucho código heredado y los datos personales y de tráfico de millones de personas. En varios países de la región, además, las telecomunicaciones se consideran infraestructura crítica, con obligaciones propias de ciberseguridad.
Los agentes de IA prometen mucho justamente ahí: entender código heredado, automatizar pruebas y migrar sistemas. Pero un agente con credenciales de producción es un riesgo que ningún gerente de Seguridad va a aprobar.
Lo que gana con Harkaq
El agente cerca del sistema, no dentro. Trabaja en un espacio aislado, sin llaves, y solo alcanza los sistemas internos a través del gateway, con las acciones que la regla permite.
Control por operación, no por destino. Consultar el inventario puede estar permitido; cambiar la configuración de la red, no. Lo nuevo lo aprueba otra persona.
Datos que no salen. El gateway revisa todo lo que sale, incluido lo que se envía al modelo, y bloquea lo que no puede revisar.
Evidencia para el regulador sectorial. Cada acción queda en una bitácora encadenada, lista para auditoría.